lunes, 13 de febrero de 2017

Poesía y Cinema

Sucede a diario y apenas nos damos cuenta: nuestras palabras están llenas de metáforas, de imágenes, de poesía. Asimismo, la poesía se deja empapar con frecuencia por el ámbito cinematográfico. Cine y poesía se nutren, se complementan, se buscan y, en casos como los que os mostramos a continuación, se dan la mano.

En nuestras próximas Jornadas de Literatura y Cine, además de hablar sobre el cuento y el corto, analizaremos la relación entre cine y poesía. Además, contaremos con el I Certamen de Poesía sobre Cine. Por ello, queremos dejar como aperitivo algunos poemas y autores que inspiraron parte de su obra en el séptimo arte.

Es el ejemplo de Rafael Alberti y Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), homenaje a los cómicos del cine mudo, o de la recopilación de en el libro Poesía cinematográfica (2006), donde también se explica la magnética relación del autor con el cine: presentador en algunos cine clubs, escritor de pomas cinematográfico, actor o conferenciante. 


Durante su etapa de exilio en Argentina, Alberti mantuvo relación con cineastas y profesionales del medio audiovisual. Posteriormente, el poeta le dedicó numerosos versos a autores y actores como Pasolini, Buñuel o Francisco Rabal, entre tantos otros.

–Del cinema al aire libre
vengo, madre, de mirar
una mar mentida y cierta,
que no es la mar y es la mar.

– Al cinema al aire libre,
hijo, nunca has de volver,
que la mar en el cinema
no es la mar y la mar es.

(Rafael Alberti, "Verano", Marinero en tierra, 1925)

Luis Buñuel,
cuando viene a Madrid,
vive siempre en el piso
número 25 de esa pálida torre.
Desde aquí puedo verlo.
Qué salvaje de pronto y genial es,
lo mismo que aquel viejo inmortal sordo
que se metía en la cama
con la joven duquesa
sin sacarse ni el barro de las botas.
Luis: te irás al infierno, en el que crees,
y puede ser que Dios vaya de cuando en cuando
a visitarte.

(Rafael Alberti, Versos sueltos de cada día, 1982)


Es muy conocida la influencia que tuvieron numerosas películas en la Generación del 27, así como el medio cinematográfico en general, que les despertaba una profunda atracción. Así lo mostraron los múltiples poemas en autores como Lorca, Aleixandre o Salinas. 

Por otra parte, si nos aproximamos a la actualidad, podemos apreciar una relación muy intensa entre el cine y los versos de Luis Alberto de Cuenca, como así refleja la antología cinematográfica titulada Un alma de película de Hawks, compuesta por 85 poemas y abundantes referencias a actores, directores, películas o personajes.

Dile cosas bonitas a tu novia:
“Tienes un cuerpo de reloj de arena
y un alma de película de Hawks.”
Díselo muy bajito, con tus labios
pegados a su oreja, sin que nadie
pueda escuchar lo que le estás diciendo
(a saber, que sus piernas son cohetes
dirigidos al centro de la tierra,
o que sus senos son la madriguera
de un cangrejo de mar, o que su espalda
es plata viva). Y cuando se lo crea
y comience a licuarse en tus brazos
no dudes ni un segundo:
bébetela.

(Luis Alberto de Cuenca, "Bébetela", El bosque y otros poemas, 1997)



De igual modo, las referencias cinematográficas se cuelan a lo largo de la obra de Manuel Vázquez Montalbán, como podemos ver a continuación:

    Nunca desayunaré en Tiffany
    ese licor fresa en ese vaso
    Modigliani como tu garganta
    nunca
    aunque sepa los caminos
    llegaré
    a ese lugar del que nunca quiera
 regresar

    una fotografía, quizás
    una sonrisa enorme como una ciudad
    atardecida, malva el asfalto, aire
    que viene del mar
    y el barman
    nos sirve un ángel blanco, aunque
    sepa los caminos nunca encontraré
    es barra infinita de Tiffany
    el jukebox
    donde late el último Modugno ad
    un attimo d’amore che mai più ritornerà
    y quizá todo sea mejor así, esperado

    porque al llegar no puedes volver
    a Ítaca, lejana y sola, ya no tan sola,
    ya paisaje que habitas y usurpas
    nunca,
    nunca quiero desayunar en Tiffany, nunca
    quiero llegar a Ítaca aunque sepa los caminos
    lejana y sola.

(Manuel Vázquez Montalbán, "Nunca desayunaré en Tiffany, Ars amandi, 2001)

Hay infinidad de ejemplos donde el poema ensalza la enigmática figura de un personaje o una estrella del cine en concreto, como sucede con Greta Garbo, Vivien Leigh o Marilyn Monroe:

O cuánto miedo tienes,
no a la fragilidad de los destinos
y al precio amargo de la felicidad
(que nunca viste a Greta sollozando
"I want to be alone", ni a Vivien Leigh
en el Puente de Waterloo,
ni al negro que tenía el alma blanca
tocando en love-back, en la penumbra,
El tiempo pasará)
sino tan sólo, simplemente, miedo.

(Guillermo Carnero, "Vaya con Dios, mi amor", Barcelona, mon amor, 1970)

Tu voz.
Sólo tu tibia y sinuosa voz de leche.
Sólo un aliento gutural, silbante,
modulado entre carne, tiernamente
modulado entre almohadas
de incontenible pasmo, bordeando
las simas del gemido,
del estertor acaso.
Como un tacto de fina piel abierta.
Como un espeso y claro líquido absorbente
que envuelve tus adentros, que te sube
del sexo mismo hasta los labios,
que recorre tus dulces cavidades
antes de ser el soplo
caliente y sensorial que nos sumerge.

Tu masticada voz, que te desnuda
sutilmente, insidiosamente, como
si en derredor de tu cintura fuese
creando y disipando al mismo tiempo
mil velos transparentes de saliva.

Tu voz resuelta en quejas y mohines
que trasmina como un olor a cuerpo,
un tierno olor sedoso
que se propaga en ondas, que nos roza
tan delicadamente, que es posible
sentirlo por las manos y en las piernas.

Tu voz labial, visible,
como gustando el aire, como dando
forma a posibles moldes para besos.
Tu voz de oscura selva con riachuelos.

Clavado aquí, en mi hombría,
oigo tu voz, que late entre mis dientes,
y enmudezco la radio, y cierro el gesto.
Porque tú ya estás muerta;
porque hace largos meses que estás muerta
y aún es posible el grito enfebrecido.

Oigo tu voz carnal, y me pregunto
qué pasa aquí. Si acaso es esto un nuevo
pecado, o un castigo.

(Rafael Guillén, "Poema para la voz de Marilyn Monroe", Canto a la esposa, 1963)


Sin duda alguna, necesitamos la poesía y el cine, y parece que ambas disciplinas también se alimentan una de la otra. Y es que, como afirmó el cineasta y escritor francés Jean Cocteau: "Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué". La cuestión es que la poesía y el cine son cosas imprescindibles, juntas o por separado, aunque no podamos explicar exactamente por qué. Y quizás eso sea lo que lo hace más bello.

Kris León

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Organizan:



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